David G. Torres Jaime Gili. El mundo es pintura

Manía #2. Facultad de Filosofía - Universidad de Barcelona. 1996

 

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Las fotografías que nos ofrece Jaime Gili (Caracas, 1972) parecen aclarar de una forma definitiva el origen de la abstracción en pintura, durante las primeras vanguardias, no radicaba exclusivamente en una pura especulación pictórica sino en una mirada más aguda sobre la realidad, aquélla que ofrecía la fotografía. En efecto, los inicios de la abstracción son paralelos a las primeras fotografías tanto de lo grande como de lo pequeño ?fotografías aéreas donde aparecen campos de cultivo como placas de diferentes tonos o ciudades como entramados y cuadrículas, y fotografías de las arrugas (le la mano o las vetas de, la madera? en las que lo real en tanto que reconocible se pierde. A partir de ahí la realidad también será abstracta, de tal manera que la abstracción deviene una forma de realismo, donde el cuadro profundiza su mirada sobre lo real. La fotografía será el diccionario visual de la abstracción descubriendo un mundo sobre el que pintar. Sin embargo, en el caso de las imágenes Jaime Gili vemos una reconstrucción del camino a la inversa, ha sido la pintura la que le ha llevado a la fotografía, y no es en la pintura donde encuentra una realidad más profunda sino que él dirige a la realidad tina mirada pictórica.
El objetivo del artista ya no necesita buscar en lo grande o en lo pequeño sino que cualquier aspecto de la realidad en determinado momento puede despertar una mirada pictórica, que encuentra en un recorte de lo real un valor estético de carácter abstracto. La fotografía recorta, fragmenta y multiplica la realidad, pero las imágenes de Jaime Gili además la desmenuzan y la desmiembran, obligándonos a matizar ese carácter abstracto. Quizás no sea tanto que muestran la realidad abstracta, como que arrancan de la realidad aquello que tiene de útil y de figurativo convirtiéndola en objeto de delectación estética. Así, Jaime Gili usa la fotografía en uno de sus aspectos más definitorios: la fotografía "asesina" y "roba" trozos y momentos de la realidad; sólo con ella Gili puede apropiarse de aquello de la realidad que le interesa y hacerla suya. Con la fotografía lleva a cabo una operación que enlaza directamente con el "readymade" duchampiano; de parecida forma a Marcel Duchamp llevando un urinario, un perchero o una rueda de bicicleta a una sala de exposiciones, Gili al mirar por el objetivo de su cámara y apretar el disparador arranca un trozo de mundo para mostrarlo como arte. En el extremo, esa mirada que colecciona convierte al mundo entero en obra de arte, en una especio de fenómeno panestetista. Tal vez es eso lo que nos enseñan sus fotografías, a dirigir la mirada y al final devolverle una vez más la jugada a la pintura: sus fotografías nos enseñan a apreciar la pintura o simplemente, el arte, a través de lo pictórico o exclusivamente estético que puede haber en nuestra mirada sobre el mundo.
Esta mirada que Jaime Gili dirige hacia los objetos o hacia particularidades de lo real no es una mirada de fotógrafo sino de artista. Al contrario del fotógrafo, no busca un tratamiento estético de la imagen en sí, en tanto que fotografía
sino que -y aquí aparece ese punto de contacto con el ’readymade’- la fotografía le permite apropiarse de la realidad, retirar un fragmento de cotidianidad del mundo, y presentarlo como arte. No son entonces fotografías de fotógrafo, Gili utiliza de la misma manera que en determinados momentos pinta o escribe: la fotografía es para él un lenguaje más, una posibilidad de creación que le permite determinadas apuestas artísticas. En este sentido, su obra entronca con algunos artistas de la última década como Cindy Sherman o Gabriel Orozco, que han conseguido emancipar definitivamente a la fotografía situándola en un contexto de arte contemporáneo. La fotografía queda apartada de nociones de autor y todos sus recursos estetizantes de la imagen, aquello que entendemos como una "buena fotografía", con lo que en el fondo conlleva de academicismo, así como de función documental, ajustándose perfectamente a las estrategias apropiacionistas, de pequeñas intervenciones en la realidad y panestetistas del arte. actual. En este estado de las cosas resulta ridículo hablar dc fotografía, pintura, escultura o de literatura en términos estrictos. EL trabajo de Jaime Gili muestra como la división entre los lenguajes artísticos ha devenido una cuestión arbitraria, que lo que denominamos diferentes lenguajes artísticos sólo son útiles distintos que el artista puede utilizar. Las fotografías de Jaime Gili convierten al mundo en objeto pictórico, situándose así en un lugar intersticial en el que sólo nos queda hablar en términos de creación.

(c) david g torres 1996

 

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